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Su libro Mossad, los verdugos del Kidon acaba de ser reeditado por Atanor Ediciones –actualizado hasta enero de 2011.

Más detalles en la web elreservado.es y en una entrevista a su autor Eric Frattini en Onda Jérez y en otras emisoras de radio.

Web del autor

En las últimas semanas de 2010 se produjeron varios hechos que afectaban a presuntos colaboradores del Mossad, por un lado, desde Egipto se informaba de la petición de la Fiscalia General egipcia al Tribunal Penal Supremo de la Seguridad del Estado para que enjuiciase a Tarek Husein Hasan, dueño de una empresa de importación y exportación, por trabajar para el servicio secreto israelí transmitiendo información relevante sobre algunos responsables en el sector de las telecomunicaciones de Egipto que podrían ser candidatos para colaborar con los servicios de Inteligencia israelíes.

Según las mismas fuentes de la fiscalia, el acusado egipcio habría cobrado de los israelíes 37.000 dólares a través de dos agentes israelíes que se encuentran en paradero desconocido.

Por otro lado, desde Irán también informaban de la ejecución de Ali Akbar Siadat, acusado de ser un agente de los servicios de Inteligencia israelíes.

Estas noticias contrastaban con otras dos más dignas de periodicos sensacionalistas y que tras su coincidencia temporal pueden presagiar el inicio de una saga, las acusaciones de los vecinos de Israel de la utilización de animales por parte del Mossad.

La “detención” de un buitre en Arabía Saudí que estaba marcado en su pata por científicos de la Universidad de Tel Aviv con el código de identificación R65 y que tras perderse en la zona rural de Hyaal fue arrestado bajo sospecha de ser un espía del Mossad ha sido la última de estas noticias. Los científicos israelíes aseguran que el buitre no es ningún espía y que el GPS que portaba era utilizado como parte de un estudio científico para recoger información sobre sus patrones migratorios, pero fuentes saudíes continuan sospechando de los verdaderos fines del buitre.

Esta noticia ha vuelto a la memoria la reciente acusaciónde las autoridades egipcias del envío de tiburones al mar Rojo por parte del Mossad para aterrorizar a los turistas que visitan el país y dañar la industria turística de Egipto.

El Gobierno israelí aprobó este domingo en la reunión del Consejo de Ministros el nombramiento de Tamir Pardo como nuevo director del Mosad en sustitución de Meir Dagán, que lleva ocho años al frente del principal servicio de espionaje del país.

La decisión había sido anunciada el pasado lunes por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que la llevó esta mañana a votación en la reunión dominical del Gabinete, celebrada de forma excepcional en Tirat Carmel, una ciudad situada cerca del incendio que asuela el norte del país desde el jueves, en vez de en Jerusalén.

“Pardo es el hombre correcto para llevar al Mosad a nuevas metas”, dijo en la reunión el titular de Defensa, Ehud Barak, según un comunicado de su oficina.

Barak alabó además la “familiaridad” de Pardo con el servicio secreto en el exterior, así como su “extensa experiencia militar, responsabilidad y discreción”.

Pardo tiene una larga carrera en unidades especiales del Ejército y en el Mosad, cuerpo que abandonó en 2009 tras no obtener garantías del gobierno de que sería nombrado director.

El próximo jefe de uno de los servicios de inteligencia más conocidos sirvió en la Unidad de Elite del Estado Mayor con Yoni Netanyahu, hermano del primer ministro muerto en 1976 durante la Operación Entebbe, y desde entonces es amigo de la familia, según el diario ‘Haaretz’.

Reorganización del Mosad

Por su parte, Dagán abandona la jefatura del Mosad después de haber reorganizado sus filas y devuelto a ese cuerpo de espionaje la reputación que había perdido a raíz de una serie de operaciones fallidas, entre ellas el intento de asesinato en Jordania del líder del Buró Político de Hamás, Jaled Meshal, en 1997.

Durante su jefatura se atribuye al Mosad haber proporcionado la información para el bombardeo aéreo en 2007 de una supuesta instalación nuclear en el norte de Siria y, en 2009, de una base en Sudán que supuestamente servía de puente para el envío de armas de Irán a Gaza.

Medios especializados también relacionan a sus agentes con el asesinato en Damasco con un coche bomba del jefe del brazo armado del movimiento Hizbulá, Imad Mugniye, y posteriormente del general sirio Mohammed Suleiman, consejero de seguridad del presidente Bachar al Asad.

Más recientemente se le atribuye a la organización del asesinato en un hotel de Dubai de uno los fundadores del brazo armado de Hamás, Mahmud Al Mabhuh.

La operación dio la vuelta al mundo debido a que los presuntos autores emplearon pasaportes de varios países occidentales y fueron captados por las cámaras de seguridad, lo que puso en cuestión la calidad del trabajo de Dagán.

FUENTE: AGENCIA EFE

Los Servicios de Inteligencia del Ejército libanés anunciaron hoy en un comunicado la detención de nueve personas, en los dos últimos meses, acusadas de espiar para Israel.

Cuatro de los detenidos fueron entregados ya a la Justicia y el resto sigue a disposición de los investigadores, agrega la nota oficial, que añade que continúan las pesquisas para detener a otros sospechosos.

No se facilitó oficialmente la identidad ni las fechas de las detenciones, pero medios locales dijeron que uno de ellos fue arrestado el 12 de agosto y confesó durante su interrogatorio que colaboraba desde 1996 con los servicios secretos israelíes, el Mossad.

Según el periódico As Safir, otro de los arrestados vivía en un campamento de refugiados palestinos y recibía llamadas telefónicas desde un teléfono móvil europeo utilizado por el Mossad, que le pedían informaciones sobre Ron Arad, un piloto israelí desaparecido mientras realizaba un bombardeo sobre territorio libanés el 16 de octubre de 1986 tras saltar en paracaídas desde un F4 en llamas junto a otro piloto que fue rescatado posteriormente. El Phamton de Arad formaba parte de una escuadrilla que bombardeaba posiciones de la OLP en Sidón (Líbano) cuando una de sus bombas explotó antes de tiempo dañando uno de los motores, lo que obligó a abandonar el avión lanzándose en paracaídas y siendo capturado posteriormente por la milicia chiita Amal dirigida por Nabih Berri. En 1987, Nabih Berri propuso un intercambio de prisioneros con el ejército israelí envíando tres cartas y dos fotos de Arad para demostrar que continuaba con vida, sin embargo, las negociaciones fracasaron perdiendose todas las pistas del paradero de Arad, presuntamente “vendido” como prisionero al regimen iraní.

En un esfuerzo por lograr su liberación, en 1989 comandos israelíes entraron en Líbano y secuestraron el jeque Abdel Karim Obeid, un miembro libanés de Hezbollah y en 1994, durante la festividad musulmana del Eid ul-Adha, también secuestraron a Mustafa Dirani jefe de seguridad de la milicia chiita Amal. El gobierno israelí afirmó quelos secuestros  se estaban realizando con el fin de obtener información sobre Arad. Durante su interrogatorio por oficiales militares, Dirani reveló que el 4 de mayo de 1988, Arad había sido entregado primero a una unidad de milicia de Hezbolá y luego a la Guardia Revolucionaria iraní que se encontraban en el Líbano apoyando a las guerrillas de Hezbolá. Pero ni Irán ni ningún grupo guerrillero ha ofrecido ninguna información útil acerca de su destino. Karim Obeid y Dirani fueron puestos en libertad en 2004 como parte de un intercambio de prisioneros de guerra por el israelí Elchanan Tenenbaum. 

En 2003, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, reveló que un agente de inteligencia había sido asesinado durante los esfuerzos para recuperar Arad. En diciembre de 2003, una organización que busca información sobre Arad ofreció una recompensa de 10 millones de dólares a cualquier persona que aporta dicha información.

En 2006, el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, declaró públicamente que Hezbolá creía que Arad estaba muerto y sus restos perdidos. Esta declaración suponía la primera vez que Hezbolá reconocía públicamente su falta de conocimiento sobre su paradero.

El 28 de agosto de 2006, la Corporación Libanesa de Radiodifusión emitió nuevas imágenes de Arad. Se cree que las imágenes se habían rodado en 1988.

En octubre de 2007, Israel recibió una carta escritá por Arad a su familia tras su captura. Israel todavía está trabajando en el supuesto de que Arad está vivo.

El 29 de junio de 2008, el negociador de la ONU Gerhard Konrad informó al gobierno israelí que Arad está muerto, de acuerdo con Hezbolá. Esta afirmación aún no ha sido confirmada por el gobierno hebreo.

En una conferencia de prensa el 2 de julio de 2008, Hassan Nasrallah, declaró que su grupo llevó a cabo una investigación detallada sobre la suerte del navegante israelí desaparecido. La investigación duró tres años, e incluyó entrevistas en profundidad con los personajes en el Líbano. Se negó a indicar los resultados de la investigación, pero afirmó que un informe escrito fue entregado al representante de las Naciones Unidas para mediar entre el grupo de libaneses e israelíes.

Unas 150 personas están detenidas en el Líbano por colaborar presuntamente con Israel y algunas de ellas han sido condenadas a la pena de muerte. Su ejecución está pendiente de una orden que debe firmar el presidente libanés, Michel Suleiman.

La ONG Human Rights Watch ha hecho llamamientos al Gobierno libanés para “no resucitar la pena de muerte” y rechazar las peticiones en ese sentido hechas por el movimiento chií libanés Hizbulá, que quiere que se ejecuten las penas capitales.

Fuente: Agencia EFE

Tras la Guerra de los Seis Días de 1967, los palestinos trasladan sus bases a Jordania y desde allí dirigen sus ataques a Israel. Las duras represalías ejercidas por Israel contra Jordania provocan problemas entre la resistencia palestina y el régimen hachemita del rey Husein. Por un lado, el rey Husein ve con recelo como los palestinos suponen un contrapoder en su propio reino y los enfrentamientos cada vez son más frecuentes. La OLP y el FPLP ( Frente para la liberación de Palestina) habían formado un estado dentro de Jordania, llegando a gestionar su propio aeropuerto, confeccionar sellos propios o dirigir el tráfico en las carreteras. Esta situación creo un enorme malestar en los sectores más altos de la sociedad jordana, que repercutía en un profundo resentimiento hacia los refugiados palestinos por parte de la élite civil y el ejército jordano.

La chispa se prende tras la aceptación en el verano de 1970 por parte de Nasser y del rey Hussein del plan Rogers que pretendía buscar una salida negociada del conflicto árabe-israelí al margen de los palestinos. El FPLP de Georges Habache decide precipitar el enfrentamiento y tomar el poder jordano, para ello el 7 de septiembre de 1970 varios comandos desvían tres vuelos internacionales hacia la ciudad de Zarka, en el norte de Jordania. Aunque Yasir Arafat ha suspendido al FPLP de las actividades de la OLP, el rey Husein decide tomar la orden de intervenir contra todos los palestinos en unos violentos combates que terminan el 27 de septiembre con miles de víctimas palestinas tras el bombardeo de los campos de refugiados de Ammán e Irbid y la desaparición de la OLP de Jordania. La resistencia palestina a los ataques jordanos fue desesperada y encarnizada. Dirigida principalmente por el FPLP, cuyas principales bases se encontraban en territorio jordano ( las de la OLP estaban en Libano, aunque contaba con una importante presencia en Jordania), la resistencia palestina duró una semana, y obligó a emplearse a fondo al ejército jordano.

A pesar de la existencia de un alto el fuego, los combates se prolongarían hasta junio de 1971, fecha en la que la resistencia palestina es definitivamente aniquilada y expulsada de territorio jordano. La estrategia de confrontación del FPLP resultó un fracaso y Fatah, que se había visto arrastrado al enfrentamiento con el gobierno jordano, se vio obligada a establecerse en el Libano.

El 28 de noviembre de 1971 un comando palestino asesinaba en el Cairo a Wasfi Al Tal, el primer ministro jordano y considerado por los palestinos como el gran enemigo de su causa en aquellos momentos, durante un Consejo de Ministros de Defensa árabes. A la salida de la sesión del Consejo, cuando regresaba al hotel Sheraton, cuatro jovenes a cara descubierta y a plena luz del día le dispararon matándole al instante. Rápidamente son detenidos, declarando que pertenecen al grupo Septiembre Negro, en claras referencias a la dolorosa sufrida en Jordania un año antes. Un mes más tarde, otro comando intentó asesinar a Aeid Al Rifaih, el embajador jordano en Londres, mientras los asesinos de Wasfi Al Tal eran sorprendentemente liberados por la justicia egipcia por supuestos fallos del procedimiento judicial. Las autoridades jordanas, incluido el mornarca, estaban intentando arrogarse la representatividad de la causa palestina en los foros internacionales, por lo que Septiembre Negro llegó a intentar el asesinato del propio rey Husein de Jordania durante la cumbre de la Liga Árabe que se celebró en Rabat eel 26 de octubre de 1974.

Era la primera vez que se oía hablar de la organización creada por Fatah y que realizaría unas 40 operaciones que culminarian en el secuestro de los deportistas olímpicos israelíes durante los Juegos de Munich 1972. La OLP había solicitado participar en las olimpiadas al COI. Sin embargo, no recibieron ninguna respuesta por parte de las autoridades olímpicas, por lo que decidieron organizar el secuestro de la delegación israelí para provocar un intercambio de prisioneros y de paso utilizar un evento que iba a ser mundialmente televisado para volver a solicitar la creación de un estado palestino.

El secuestro en la villa olimpica supuso la muerte de dos miembros de la delegación israelí en el momento del asalto y del resto de los deportistas en el tiroteo posterior con la policia alemana en un aeropuerto de Munich en el que los secuestradores pensaban salir del país junto a los prisioneros. Sólo 3 de los secuestradores sobrevivieron en una de las operaciones de rescate peor gestionada de la historia. El gobierno israelí, dirigido por su presidenta Golda Meir, se negó a cualquier tipo de negociación con los secuestradores y tras la matanza, lanzó ataques áereos contra los campos de regfugiados palestinos en el sur del Libano y organizó la represalía mediante el asesinato selectivo de representantes de la OLP en países de Europa Occidental en la conocida “Operación Cólera de Dios”, tarea que le fue encomendada al Mossad. 

Ninguno de los terroristas supervivientes al asalto de la villa olímpica fue llevado nunca ante la justicia. Poco después del episodio de Munich un comando palestino secuestró un avión en el aeropuerto de Frankfurt. Las autoridades alemanas, espantadas todavía por lo ocurrido en los JJOO, ni se plantearon una operación de rescate. Aceptaron sin pensarlo las exigencias de los secuestradores, entre las que estaba la liberación de los tres supervivientes del comando de Munich.

Septiembre Negro desaparecería tras la Guerra del Yon Kippur de 1973 y el atentado contra la embajada saudí en la capital de Sudán, Jartum, que les costó la vida al encargado de asuntos estadounidense, J. Curtis Moore; el embajador estadounidense, Cleo Noel; y el encargado de asuntos belga, Guy Eid. La OLP consideró que sus actos terroristas en el exterior estaban perjudicando enormemente a la causa palestina en el ámbito internacional y entraban en contradicción con las nuevas vías pacificas para conseguir la independencia palestina aprobadas por el Comité Central de la OLP un año despues en el “Programa de los Diez Puntos” y puesto en escena por Yasir Arafat ante la Asamblea General de la ONU.

La pista siria

Una exhaustiva investigación responsabiliza a Jibril y minimiza la participación libia en el derribo del avión de Pan Am

ROY ROWAN  21/04/1992

Las primeras sospechas tras el atentado que derribó un avión de la Pan Am el 21 de diciembre de 1988 sobre Lockerbie, Escocia, y en el que murieron 270 personas, recayeron sobre Ahmed Jibril, el misterioso dirigente del Frente Popular para la Liberación de Palestina-Mando General (FPLP-MG), de orientación prosiria. Sin embargo, el pasado noviembre, el Departamento de Justicia norteamericano acusó del atentado a dos libios, provocando las protestas de los familiares de las víctimas, que vieron en esta acusación una recompensa a Siria por su apoyo durante la guerra del Golfo. La investigación llevada a cabo por la revista norteamericana Time durante cuatro meses aporta nuevas pruebas sobre la pista siria. Israel rechazó ayer la tesis de Time, aduciendo que a Siria “se le adelantaron” los agentes libios.

El Vincennes, de la flota de EE UU, derribó un Airbus iraní en el golfo Pérsico y causó la muerte a 298 personas. Era julio de 1988; la venganza iraní era temida en Europa. Dos meses antes del atentado de Lockerbie la policía alemana detuvo a 16 miembros del FPLP-MG. En la redada se halló una bomba de material explosivo plástico escondida en un radiocasete, similar a la que haría estallar el avión de Pan Am. Jibril parecía actuar protegido por Siria y financiado por Irán. Miembros de los servicios de inteligencia de EE UU siguieron el rastro de una transferencia de varios millones de dólares a una cuenta del FPLP-MG de un banco de Viena.Cuando Washington cambió la acusación contra Damasco por la de Trípoli, hasta Vincent Cannistraro, que había dirigido la investigación de la CIA sobre el atentado, comentó al diario The New York Times que era excesivo atribuir toda la responsabilidad al dirigente libio Muammar al Gaddafi.

Y Time decidió investigar:

-Según un informe del FBI realizado en Alemania, la maleta procedente de Malta que, presumiblemente, contenía la bomba para el vuelo 103 de Pan Am era una prueba en la acusación de los dos libios. Pero la maleta con la bomba pudo haber sido introducida en Francfort en sustitución de otro bulto inocente.

-La maleta pudo introducirse en el avión por el grupo de Jibril con ayuda de Monzer al Kasar, un narcotraficante sirio que colaboraba con la Agencia Antidroga de EE UU (DEA) y con un equipo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Al Kasar podía ser un doble agente.

-El vuelo 103 se vislumbraba corno el objetivo de Jibril y su grupo. En él viajaba un equipo de la CIA, dirigido por el comandante Charles McKee, encargado de rescatar a los rehenes norteamericanos en Beirut.

La teoría de que Jibril eligió el vuelo 103 para asesinar a esos seis agentes de la CIA la sostienen dos expertos en espionaje. M. Gens Wheaton, oficial retirado de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE UU (DIA), con 17 años de servicio en Oriente Próximo, ve sorprendentes similitudes entre el desastre de Lockerbie y el del avión caído en Gander (Canadá) en 1985, causando la muerte a 248 soldados estadounidenses. Wheaton trabaja ahora para las familias de las víctimas de dicho desastre. “Un par de viejos camaradas del Pentágono creen que los terroristas del avión en Lockerbie querían matar al equipo de McKee, pero les dijeron que variaran el enfoque de sus investigaciones, porque revelaban una embarazosa carencia de seguridad”. El FBI afirma que investigó la teoría de que el equipo de McKee era el objetivo, pero no encontró ninguna prueba que la avalara.

Víctor Marchetti, ex ayudante ejecutivo del subdirector de la CIA y coautor de The CIA and the cult of intelligence, cree que la presencia del equipo en el vuelo 103 es una pista que no debe ignorarse. Marchetti estima que el atentado pudo evitarse. “El Mosad tenía información sobre él y no dio un aviso propiamente dicho. La CIA lo supo y estaba confusa”.

Inicialmente, las investigaciones centraron sus esfuerzos en examinar la procedencia de los equipajes. El riesgo que conlleva el que una maleta que contenga una bomba y no se lleve en persona sea transferida en una escala a otro vuelo de conexión no está de acuerdo con las precauciones que habitualmente toman los terroristas. De ahí que es más fiable que se introdujera en Francfort que en Malta.

Las acusaciones de Washington contra los libios Abdel Baset Alí al Megrani y Lamen Jalifa Fimá no explican cómo la Samsonite color bronce, supuestamente remitida por Air Malta, eludió el moderno sistema de seguridad del aeropuerto de Francfort. Estas acusaciones se basan en dos frágiles pruebas: la pista hasta Libia de un temporizador suizo, a pesar de que los investigadores pensaron al principio que en la explosión se utilizó un detonador barométrico. Y que la camiseta que supuestamente envolvía la bomba procedía de una tienda de Malta llamada Mary’s House. El propietario identificó a Al Megrani como el comprador de la camiseta, aunque antes confundió a éste con un terrorista palestino arrestado en Suecia.

Fueron las hojas de registro del ordenador del aeropuerto de Francfort las que decidieron el proceso contra los dos libios. Éstas, descubiertas meses después del atentado, parecen probar que la maleta enviada desde Malta fue registrada en la estación de codificación número 206 hacia la una de la tarde y después enviada a la puerta de embarque 44 de la Terminal B, de donde pasó al avión de Pan Am. Sin embargo, Time obtuvo una copia de las cinco páginas de un teletipo enviado el 23 de octubre de 1989 al director del FBI en Washington desde la Embajada de EE UU en Bonn, según el cual “Ios registros no indican el origen de la maleta enviada para ser cargada en el vuelo 103. Ni tampoco que llegara a ser cargada”. El informe del FBI concluye: “Existe la posibilidad de que no se produjera ninguna transferencia de equipaje desde el Vuelo 180 de Air Malta al 103 de Pan Am”. Pero sugiere “la posibilidad de que se sustituyera la maleta en el sistema de control de equipajes”.

Lee Kreindler, el abogado de los familiares de las víctimas, que ha reclamado a Pan Am 7.000 millones de dólares, afirma que puede probar que la maleta procedente de Malta fue puesta en el Vuelo 103. Y que un grave fallo en la seguridad de la compañía contribuyó al desastre.

Pero la firma de abogados Windels, Marx, Davies & Ives, que representa a la Pan Am, mantiene la teoría de la sustitución de maletas. Para unir todas las piezas contrató a Interfor. Inc., una firma de Nueva York especializada en investigación internacional y seguridad. Si no fuera por las increíbles historias reveladas durante las sesiones del Irangate, las conclusiones de Interfor se considerarían producto de la imaginación de unos detectives que se han vuelto locos, en especial si se tiene en cuenta el controvertido pasado del presidente de la compañía, Juval Aviv. Aviv, de 45 años y nacionalizado norteamericano, afirma haber encabezado al grupo del Mosad que dio caza y mató a los terroristas árabes que asesinaron a 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich.

Su investigación se basa en el narcotraficante sirio Monzer al Kasar, cuya participación en la liberación de dos rehenes franceses en 1988 atrajo el interés de una unidad de la CIA -con nombre en clave Corea y con “base en la ciudad alemana de Wiesbaden-, que, al parecer, traficaba con armas y drogas para intentar acceder a los grupos terroristas.

De acuerdo con Aviv, agentes de Corea permitieron a Al Kasar continuar con sus actividades de contrabando a cambio de ayuda para lograr la liberación de rehenes norteamericanos en Líbano. El negocio de narcotráfico de Al Kasar era también utilizado por la DEA para operaciones de envío de heroína desde Líbano a Detroit, Los Ángeles y Houston, que tienen importantes comunidades árabes, para localizar a los traficantes en EE UU.

En otoño de 1988, las actividades de Al Kasar fueron detectadas por Ahmed Jibril, líder del FPI,P-MG, a quien Teherán acaba de asignar la misión de vengar el derribo de su Airbus por la Marina de EE UU. Según Aviv, Jibril cenó con Al Kasar en un restaurante de París, donde logró del traficante, a regañadientes, el compromiso de ayuda en la colocación de una bomba a bordo de un avión.

El hombre al que los abogados de Pan Am consideran el testigo clave en este proceso está escondido por temor a perder su vida. Su nombre verdadero es Lester Knox Coleman III y trabajó como espía para la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) y la DEA. Hace un año realizó una declaración jurada por escrito en la que describía la operación de narcotráfico en la que estaba infiltrado Jibril.

“Se me dijo que en el aeropuerto de Francfort las maletas con las drogas serían puestas en vuelos hacia EE UU por agentes u otras personas que trabajasen en la zona de equipajes. Personalmente creo que la policía federal de Alemania estaba también implicada, como también lo estuvieron el servicio de aduanas del Reino Unido”.

En diciembre de 1988, Al Kasar consiguió información sobre la amenaza de acabar con su operación de contrabando. El equipo antiterrorista de Charles McKee en Beirut, que estaba investigando el posible rescate de los nueve rehenes en Líbano, intuyó su conexión con la CIA. El equipo estaba indignado porque la unidad Corea de Wiesbaden trataba con un sirio con importantes conexiones terroristas que podría poner en peligro el intento de rescate planeado.

McKee y su equipo decidieron volver a Virginia sin avisar y exponer las conexiones de Corea con Al Kasar. Se guardaron 500.000 dólares en efectivo destinados a su misión de rescate, así como mapas y fotografías de los lugares secretos donde estaban escondidos los rehenes y compraron billetes para el vuelo 103 de Pan Am.

En su libro Lockerbie: the tragedy of flight 103, el periodista de la radio escocesa David Johnston desveló, que agentes de la CIA sobrevolaron con helicópteros Lockerbie poco después de la explosión buscando los restos de la maleta de McKee. “Cogieron la maleta y su contenido y se fueron en el helicóptero a un lugar desconocido”. Días después, la maleta vacía fue puesta de nuevo en el mismo sitio.La bomba que estalló en el avión de la Pan Am podría haber sido montada por Maruan Abdel Razaq Mufit Jrisat, uno de los 16 detenidos brevemente en Alemania antes del atentado. En su coche se encontró el radiocasete con una bomba en su interior parecida a la que hizo estallar el avión. Sin embargo, el mes pasado la OLP informó que el artefacto fue construido por Jaisar Hadad, también miembro de la organización de Jibril.

En un libro recientemente publicado sobre el caso Lockerbie -On the trait of terror-, el periodista británico David Leppard declara que el investigador Thomas Hayes, que examinó una minúscula pieza de un temporizador recuperada entre los restos del avión, no pudo “asegurar públicamente si la bomba que destruyó el avión de la Pan Am fue realizada en principio por Jrisat y modificada posteriormente mediante temporizadores semejantes a los encontrados en posesión de los libios”.

El Tribunal Supremo británico sentenció que los abogados de la Pan Am podrían pedir el testimonio de Hayes. Sin embargo, su declaración fue bloqueada por una maniobra de las autoridades escocesas en el último momento por razones de seguridad nacional. Los abogados de la Pan Am recurrieron la decisión.

Al Kasar no sabía cómo y cuándo Jibril había planeado usar la bomba. Un agente del Mosad, de acuerdo con Aviv, advirtió a EE UU y a los servicios secretos alemanes que se pensaba realizar un atentado hacia el 18 de diciembre en un avión con pasajeros estadounidenses que saldría de Francfort. Al Kasar se dio cuenta inmediatamente de que el vuelo 103 de la Pan Am era el objetivo más probable y, jugando a dos bandas, lo notificó a la Corea. Su advertencia corroboraba una anterior amenaza de bomba contra un vuelo no específico de la Pan Am que salía de Francfort, realizada por teléfono a la Embajada de EE UU en Helsinki.

En enero de 1990, Aviv y otra persona que había trabajado como experto en detectores de mentiras en el Ejército estadounidense volaron a Francfort para aplicar el detector de mentiras a Killin Caslan Tuzcu y a Roland O’Neill, los únicos mozos de equipaje de la Pan Am que, según la compañía, habrían podido manipular las maletas y colocar la que tenía la bomba. Aviv declaró posteriormente ante el Tribunal Federal de Washington que Tuzcu “no decía del todo la verdad cuando afirmaba que él no había sustituido las maletas”, y que “en su opinión, Roland O’Neill mentía cuando afirmaba que él no había visto sustituir la maleta y que tampoco sabía qué había en la maleta cambiada.

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Yuval Aviv, un antiguo agente del Mossad, propietario de Interfor Inc una compañía de investigación privada con sede en Nueva York fue contratado por la Pan Am como su principal investigador sobre el atentado. Aviv nunca fue entrevistado, sin embargo, por la policía escocesa o por el FBI. La entonces primera ministra británica Margaret Thatcher bloqueó también una investigación judicial completa sobre el caso. 

Aviv había sido la principal fuente de información para el escritor George Jonas en el libro sobre la Operación Cólera de Dios en la que fueron asesinados dirigentes de la OLP como represalía al atentado contra deportistas israelíes en las olimpiadas de Munich 1972. Vengeance: The True Story of an Israeli Counter-Terrorist Team (“Venganza: la verdadera historia de una unidad israelí de contraterrorismo”), más tarde serviría como base para la película de Steven Spielberg, Munich.

Un tribunal escocés condenó al libio Abdel al Megrahi y exculpó al otro acusado, también libio, Lamen Fhimah, a quienes se consideraba autores del atentado que mató, en 1988, a los 270 pasajeros del vuelo 103 de la compañía Pan Am. Fue igualmente victoria norteamericana porque Al Megrahi es un miembro de los servicios de inteligencia libios y por esa vía el tribunal tácitamente condenó al Estado libio y a su líder, Muammar Gadaffi, por haber puesto en marcha el atentado. Los jueces consideraron que el agente envió, desde Malta, una valija con el explosivo. El destino final era Estados Unidos y en Frankfurt la maleta fue cargada en el fatídico vuelo 103. Un punto clave de la condena fue la escasa defensa de los imputados, cuyos abogados sólo presentaron unos pocos testigos en su favor. En el aire quedaron sospechas de todo tipo: la participación de palestinos, una maniobra realizada sobre la base del tráfico de drogas realizado por los propios norteamericanos y la llamativa muerte de un agente de inteligencia estadounidense.

En el extensísimo juicio de nueve meses, la mayor parte de las endebles pruebas fueron aportadas por los fiscales:

– Un comerciante maltés testificó que Al Megrahi compró en su negocio varias camisas. Un trozo de una de las prendas aparentemente apareció después de la caída del avión, supuestamente en lo que fue la valija en la que iba el explosivo.

– El comerciante también dijo que el libio compró un paraguas, del que también aparecieron supuestas partes entre los restos del avión.

– El mecanismo suizo de relojería usado en el atentado fue enviado por el fabricante a Libia.

Durante el juicio, la postura de los abogados defensores apuntaba a incriminar a una organización palestina, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, Comando General, FPLP (CG), liderado por Ahmed Jibril. Unos meses antes del atentado, la policía de Alemania detuvo a un grupo de 16 palestinos y encontró un artefacto montado en un grabador Toshiba, casi idéntico al utilizado en la masacre del vuelo 103. Los defensores sostuvieron que el gobierno sirio tiene documentación que prueba que el FPLP (CG) fue el que perpetró el atentado pero, tras un mes de negociaciones, Siria se negó a entregar cualquier tipo de documentación. Según los libios, la organización palestina era apadrinada por Siria que, de esa manera, se vería implicada en el homicidio de 270 personas.

La masacre entonces habría sido perpetrada por palestinos, con apoyo sirio y a pedido de Irán, que quería vengarse de otra masacre, cometida por la marina norteamericana seis meses antes: por error habían abatido un Airbus iraní, matando a 298 personas.

En octubre de 1989, Aviv planteó la siguiente teoría: La CIA estaba entonces protegiendo una ruta de la droga que discurría desde Europa hasta EEUU –una actividad conocida con el nombre de Operación Corea (Khourah)- y permitía a traficantes de droga sirios enviar heroína a EEUU, utilizando vuelos de la Pan Am, a cambio de datos de inteligencia acerca de los grupos palestinos radicados en Siria. La CIA protegía supuestamente las maletas que contenían las drogas impidiendo que fueran revisadas. El día de los atentados, los terroristas cambiaron las maletas: una que estaba llena de drogas por otra que contenía una bomba. Según algunas fuentes, la CIA habría conocido incluso con antelación que este cambio iba a tener lugar, pero lo permitió de todos modos porque la ruta de las drogas era una operación ilegal y dos oficiales de inteligencia estadounidenses del grupo MC10 que viajaban en el vuelo de la Pan Am 103 –Matthew Gannon y Charles McKee– se dirigían entonces a Washington para informar a sus superiores. Ambos habían sido testigos dos años antes de la entrevista de George Bush en el hotel Rey David de Jerusalén con Amiram Nir -consejero de contraterrorismo del presidente israelí Simon Peres, acerca del curso de la venta clandestina de armas estadounidenses a Irán a través de Israel que acabarían financiando a la Contra nicaragüense. El último miembro de MC10, Werner Tony Asmar, un alemán de origen libanés, murió unos meses antes, el 26 de mayo de 1988, cuando una bomba explosionó en su oficina de Beirut.

Michael Scharf, un asesor legal de la oficina antiterrorista del Departamento de Estado de EEUU en el momento en el que Megrahi y Fimah fueron acusados de los atentados, confirmó que la CIA había manipulado el juicio de Lockerbie y mentido acerca de la solidez de las pruebas de la acusación con el fin de conseguir un resultado que fuera políticamente conveniente para EEUU. Scharf describió el caso como “tan lleno de agujeros que parecía un queso suizo” y afirmó que nunca debería haber llegado a juicio. Scharf señaló que la CIA y el FBI habían asegurado a los oficiales del Departamento de Estado durante el juicio que uno de los testigos era “un mentiroso.” “La sentencia estuvo basada en gran medida en las declaraciones de este hombre (el desertor libio Abdul Mayid Giaka). No fue hasta que comenzó el juicio que supe que este individuo carecía de escrúpulos y que la CIA no tenía ninguna confianza en él, ya que sabía que era un mentiroso.” 

Scharf ingresó en la Oficina de Asesoramiento Legal en Temas de Seguridad e Inteligencia del Departamento de Estado en abril de 1989, justo cuatro meses después de que fuera destruido el vuelo 103 de la Pan Am y cuando la investigación de la CIA del caso Lockerbie estaba en su punto culminante. Él fue también responsable de la redacción de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que impusieron sanciones contra Libia en 1992 con el fin de obligar a Trípoli a entregar a Megrahi y Fimah para que fueran juzgados. “La CIA y el FBI mantuvieron al Departamento de Estado en la ignorancia. Nosotros estábamos plenamente comprometidos con la teoría de que Libia era culpable. Yo ayudé a redactar los documentos que describían las razones por las cuales creíamos que Libia era responsable, pero aquellos no estaban basados en la comprobación de muchas evidencias, sino más bien en figuraciones procedentes de la CIA, el FBI y el Departamento de Justicia acerca de lo que el caso probaría,” señala Scharf. 

Por su parte, Robert Black, profesor de Derecho escocés en la Universidad de Edimburgo y principal arquitecto del juicio en Camp Zeist, describió el caso Lockerbie como “un fraude”. “Que el juicio acabara con una sentencia condenatoria es una vergüenza para la justicia escocesa,” señaló. “Creo que los comentarios de Scharf indican que un creciente número de personas en ambos lados del Atlántico creen ahora que fueron utilizados en este caso.” Jim Swire, que perdió a su hija Flora en el atentado, manifestó: “Michael Scharf y yo hemos acabado defendiendo la misma postura. Asistí al juicio y me he convencido después de verlo que el caso estaba lleno de lagunas.” 

Falsos testigos y pruebas falsas

También see ha revelado que “el testimonio de otro testigo clave del caso Lockerbie, Tony Gauci, estuvo plagado de una serie de contradicciones e inconsistencias que no salieron a la luz en el juicio.” Sin embargo, su testimonio resultó crucial en el caso contra Megrahi. Gauci proporcionó a la policía una descripción detallada del hombre que compró una maleta –que fue presuntamente utilizada en el atentado- en su tienda de Malta unas pocas semanas antes de la explosión, e identificó parcialmente a Megrahi como el comprador a través de unas fotografías, en una rueda de reconocimiento y ante el tribunal. 

La Comisión de Revisión de Casos Penales de Escocia (SCCRC) ha recogido nuevas pruebas que, según señala, socavan la credibilidad de la identificación realizada por Gauci. En primer lugar, cuatro días antes de que Gauci señalara a Megrahi en la rueda de reconocimiento, él había visto la foto del libio en un artículo de una revista que le vinculaba al atentado. Esta evidencia “no le fue comunicada a la defensa.” Además, hubo otras inconsistencias que se refieren a la identificación de la persona que apareció en la tienda, los objetos adquiridos y otros asuntos. 

Una prueba importante en el caso fueron los restos de una camisa Slalom, que, según se cree, envolvía la bomba. Al ser interrogado por primera vez por la policía, Gauci insistió repetidamente en que él no había vendido camisas al hombre en su tienda. Sin embargo, aproximadamente un año después de esta entrevista, su historia cambió radicalmente. Él “recordó” de repente haber vendido camisas al hombre y el precio que éste pagó por ellas. Gauci manifestó a la policía que el hombre había comprado una camisa roja y negra, pero más tarde su color cambió misteriosamente al beis. 

Además, él cambió la fecha en la que Megrahi habría visitado su tienda. En primer lugar, él afirmó que Megrahi había comprado la maleta antes del 6 de diciembre, pero más tarde cambió el testimonio y escogió la fecha del 7 de diciembre de 1988, en la que podía probarse que Megrahi estaba en Malta. Increíblemente, el tribunal aceptó el argumento de la acusación del Estado británico de que las ropas habían sido adquiridas en esta última fecha. Sin embargo, la SCCRC ha determinado que “no hubo una base razonable” para que los jueces llegaran a esta conclusión. “En otras palabras, las pruebas indican que la adquisición tuvo lugar en un momento en el que no existe ninguna evidencia de que el acusado estuviera en Malta,” señala la Comisión. 

Black señala: “Si los jueces hubieran sabido todo esto, a lo peor que Megrahi hubiera tenido que enfrentarse es a un veredicto de absolución por falta de pruebas. Había simplemente demasiadas inconsistencias.” Cabe señalar que todas estas evidencias, potencialmente devastadoras para la acusación, no fueron comunicadas al equipo de la defensa. Los miembros de este equipo señalan ahora que la condena contra Megrahi careció de un respaldo probatorio y que las evidencias contra él fueron manipuladas con el fin de crear un caso contra Libia por razones puramente políticas. 

Black afirma también que la sentencia ha puesto en cuestión a todo el sistema judicial británico. “No se trata sólo de que las nuevas pruebas arrojen dudas sobre el veredicto original. Es mucho más serio que eso.” Él señaló que era necesaria una investigación independiente realizada por expertos extranjeros. “Hay que hacer algo para garantizar la integridad del sistema fiscal y el sistema judicial.” Por su parte, Tam Dalyell, un antiguo diputado británico que ha creído durante mucho tiempo en la inocencia de Megrahi, indicó que el fallo del tribunal había arruinado la reputación del sistema de justicia escocés. 

Juval Aviv se muestra de acuerdo con esta idea. Él manifestó que “resulta de la mayor importancia que se realice una investigación sobre lo que hoy sabemos que fue un flagrante intento de ocultar la verdad a la opinión pública. Quizás a través de una investigación pública y transparente la auténtica verdad sobre esta operación encubierta acabe viendo la luz… Se lo debemos a las familias de las víctimas” que casi veinte años después del atentado no han recibido una explicación válida acerca de por qué tuvo lugar aquel atentado y quien fue el responsable del mismo.

Conexión siria

En marzo de 1993, un artículo publicado por la revista High Times y escrito por Bill Weinberg titulado “La conexión Siria” sacaba a la luz la penetración de la CIA en el negocio de la droga en el Valle de Bekaa de Líbano.

Según High Times, “Muchas de las facciones armadas libanesas dependían del negocio mundial de las drogas para financiar sus operaciones.” De hecho, cada grupo armado paramilitar controlaba su puerto particular alrededor de Beirut que servían como punto de enlace de las drogas de Europa hacia los Estados Unidos y de armas hacia Beirut desde el mercado internacional. Quien controlaba el fértil Valle de Bekaa tenía una ventaja competitiva. Cuando la guerra se recrudeció a finales de los años 70, el hachís, el puntal tradicional de Bekaa, dio paso al negocio mucho más lucrativo: heroína.

La producción de heroína en Bekaa aumentó considerablemente bajo la ocupación de Siria. Se estima que las organizaciones criminales pagaron anualmente más de 2 mil millones de dólares en “impuestos de protección” a las fuerzas de ocupación sirios, según el testimonio del oficial de la DEA americana Félix Jiménez a la sesión especial del Congreso estadounidense en 1990. Además, el Valle de Bekaa se convirtió en el centro de procesamiento de la cocaína de los carteles colombianos para su reexportación a los mercados europeos.

Antes de la primera Guerra del Golfo, el presidente sirio Hafez Assas y Saddam Hussein eran rivales a muerte dentro del partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baas). Siria era el único país árabe que apoyaba a Irán en su guerra contra Irak en los años 80. Cuando Bush padre invitó a Siria a unirse a la coalición árabe contra Saddam Hussein, después de su invasión de Kuwait, Assad aceptó.

Haciéndose socio de los EEUU, Siria pudo mantener el control del Valle de Bekaa. Entre las áreas bajo su control estaban los infames puertos de drogas al norte de Beirut.

Interfor mantuvo que una organización terrorista apoyada por Siria, el Frente Popular por la Liberación de Palestina (PFLPGC) estaba detrás de los atentados. Según Interfor, la PFLPGC pudo introducir la bomba en el avión debido a que el vuelo formaba parte de la ruta del tráfico de heroína vinculada al régimen sirio y protegido tanto por la DEA como por la CIA americana.

Interfor mantenía que el cabecilla de la organización criminal era el sirio Monzer AlKassar, conocido por aquel tiempo como el mayor traficante de armas del mundo. La CIA protegía al AlKassar, porque él estaba ayudando a los americanos en sus esfuerzos por liberar a los rehenes estadounidenses en Líbano. AlKassar trabajaba en tándem con una unidad ultrasecreta estadounidense, MC10 que operaba desde Chipre en los trabajos de rescate. Estos esfuerzos solamente fueron una parte de la operación. La CIA se llevó una buena parte del pastel en el reparto de los beneficios de la droga.

La Comisión Tower del Congreso estadounidense, investigando los crímenes de Irán-Contra, reveló que el Coronel Oliver North utilizó el dinero de la droga de AlKassar para comprar armas destinadas a la Contra nicaragüense. La comisión que obtuvo Oliver North por sus esfuerzos era la nada despreciable suma de $1.2 millones de dólares.

El Periodista Bill Weinberg escribiendo en High Times añade que “tanto la CIA como la DEA pidieron a BKA, la agencia de inteligencia alemana, que permitiera que algunas maletas determinadas con destino a EEUU pasaran sin ser inspeccionadas desde el aeropuerto de Frankfurt, el origen del vuelo Pan Am 103.”

Sin saberlo nadie salvo el PFLPGC y AlKassar, la maleta que debía de contener un cargamento de heroína estaba llena a rebosar de explosivos.

Un artículo de Times de Londres del 22 julio de 1991, titulado “La operación de narcotráfico permitió encubrir el atentado al terrorista del Pan Am” subrayó que la DEA admitió la existencia del programa de protección.

El gobierno estadounidense siempre sabía que era Siria y no Libia quien estaba detrás del atentado de Pan Am 103. Sin embargo, en 1990, cuando la Casa Blanca empezó a cortejar a Siria como socio importante en la coalición anti Saddam Hussein, el foco de la culpabilidad, de repente se inclinó desde Siria de Assad a Libia de Gaddafi.

Lester Coleman, ex agente especial de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) dijo en su deposición a la Comisión especial del Congreso americano que la DEA, de forma conjunta con la brigada antidroga de la policía chipriota, la BKA alemana y las aduanas británicas formaban parte de “la operación de seguimiento de la droga” a través de Chipre y los aeropuertos europeos, entre ellos Frankfurt. El negocio ilícito se descubrió por cuatro miembros de la unidad secreta MC10. Uno de los cuatro era el ya mencionado Lester Coleman.