El Gobierno israelí pidió a EE UU una acción inmediata contra el régimen de los ayatolás.- El jefe del Mosad advirtió de que las sanciones no frenarán a Teherán

Israel se ve a sí mismo envuelto en una situación “rápidamente cambiante” en Oriente Medio. Observa Líbano y Siria y “solo ve inestabilidad”. Contempla “como el millón de refugiados iraquíes está cambiando la sociedad jordana”. Considera que “Irak puede terminar convirtiéndose en un país débil formado por tres cantones pertenecientes a kurdos, suníes y chiíes”, y que Egipto lucha por despejar la incógnita de “quién sucederá a Hosni Mubarak”.

Meir Dagan, jefe del Mosad, a punto de entregar el testigo después de más de ocho años al frente-explicaba en agosto de 2007 al subsecretario de Estado, Nicholas Burns, la perspectiva israelí de una región convulsa como nunca. Por entonces, los vínculos con Turquía, único país musulmán con el que Israel ha suscrito un acuerdo de defensa, aún eran sólidos. Pero el despacho elaborado por la Embajada de EE UU en Tel Aviv ya apuntaba turbulencias. “La cuestión es por cuánto tiempo el Ejército permanecerá quieto”, se pregunta Dagan. En otro documento de la misma legación que aborda una reunión de funcionarios norteamericanos e israelíes, fechado el 18 de noviembre de 2009, se resume: “El Gobierno de Israel asegura que los militares [turcos] están perdiendo su capacidad para influir en la dirección estratégica del país y en las decisiones del Gobierno… Los miembros del Gobierno israelí tienen ‘malas sensaciones’ sobre Turquía. El comandante de la Fuerza Aérea Israelí quiso hablar con el comandante turco, pero su contraparte declinó”.

“Las relaciones laboriosamente construidas por Israel con sus vecinos están deshilachándose. Incluso los optimistas sobre las relaciones con Egipto y Jordania admiten que Israel disfruta de la paz con ambos regímenes, pero no con sus poblaciones. La transformación de Michel Aoun en el principal aliado de Hezbolá en Líbano puede suponer el clavo final en el ataúd de los vínculos que por décadas mantuvieron con los cristianos maronitas”, relata otro cable de noviembre del año pasado. “El acentuado deterioro de la larga relación estratégica con Turquía añade otro elemento de inestabilidad”, concluye la embajada en noviembre de 2009.

Pues bien, todas estas vicisitudes palidecen cuando Irán y su programa nuclear saltan a la palestra. Transcurría la primera reunión oficial entre funcionarios estadounidenses e israelíes, el 6 de abril de 2009, después de que Benjamín Netanyahu formara Gobierno. “Tras calificar el desarrollo por Irán de una bomba nuclear como un acontecimiento que cambia el mundo, Netanyahu afirmó que todos los demás asuntos son insignificantes”, precisa un telegrama de la Embajada de EE UU. “Por tercera vez, Netanyahu [nos] preguntó ¿qué vais a hacer?”. El Ejecutivo israelí no esconde su ansiedad por acentuar el asedio a Teherán.

En un informe redactado ante la visita inminente del subsecretario de Estado James Steinberg, el número dos de la legación estadounidense, Luis G. Moreno, escribe: “Cuando se discute sobre el programa nuclear de Irán, los interlocutores sofisticados dicen que el asunto no es si Irán lanzaría la bomba sobre Israel, aunque no pueda descartarse, sino más bien la carrera nuclear que propiciaría y el impacto que ello tendría tanto en la incertidumbre entre las elites israelíes como en los inversores extranjeros”.

El jefe del Mosad explica al subsecretario Burns, en agosto de 2007, los cinco pilares de la estrategia israelí frente a Teherán. “Dagan alabó los esfuerzos para llevar a Irán al Consejo de Seguridad de la ONU y se mostró de acuerdo con una tercera ronda de sanciones. Reconoció que crece la presión sobre Irán, pero destacó que solo esta vía no resolverá la crisis”. Dagan enfatiza la necesidad de “evitar que la tecnología llegue a Irán” y también aboga por “forzar el cambio de régimen”. “Se debe hacer más, posiblemente apoyando a los movimientos democráticos de estudiantes y a grupos étnicos (azeríes, kurdos, baluchis) que se oponen al régimen”. Y, por último, el jefe del servicio de espionaje israelí destaca las “medidas encubiertas”. “Dagan y el subsecretario”, reza el informe, “acordaron no discutir este asunto en los grupos más grandes de debate [entre norteamericanos e israelíes]”. Solo hace unas semanas, algunos medios de comunicación describían la celebración, por todo lo alto en la sede del Mosad, por el asesinato de un científico en Irán.

La comunión de intereses entre EE UU e Israel sufre alguna fisura. Recelan los estadounidenses de los cálculos de los militares israelíes sobre el tiempo que necesita Teherán para hacerse con un arma nuclear. “El general [Yossi] Baidatz argumenta que a Irán le llevaría un año fabricar su primera bomba atómica”, precisa el telegrama del 16 de noviembre. Ya deberían disponer de ella, según las predicciones de Baidatz. Pero el comentario que añaden los diplomáticos estadounidenses es esclarecedor. “No está claro si los israelíes creen firmemente eso o si utilizan las peores perspectivas para alimentar la sensación de urgencia en Estados Unidos”.

Los gobernantes israelíes presionan, convencidos de que nada torcerá el empeño iraní, para que se fije un límite temporal a la negociación con Teherán antes de lanzarse a la aventura militar. En julio de 2009, la embajada remite a Washington las conclusiones de la reunión del secretario asistente para Asuntos de Política Militar, Andrew Saphiro: “Los interlocutores del Gobierno israelí dicen que la negociación debe acompañarse con sanciones más duras y durante un periodo de tiempo antes de decantarse por ‘otras opciones sobre la mesa'”, en alusión a un ataque contra las instalaciones nucleares. Ese mismo mes, saltó la alarma en el Ministerio de Defensa israelí, después de que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, asegurara que EE UU consideraría proveer a países árabes aliados de un paraguas antimisiles si Irán lograra fabricar la bomba. El alto funcionario de Defensa Pinchas Buchris y el diplomático Alon Bar consideran que la simple mención del paraguas equivale a aceptar la idea de un Irán nuclear.

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JUAN MIGUEL MUÑOZ – Madrid – 19/12/2010
Fuente: EL PAIS

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