La pista siria

Una exhaustiva investigación responsabiliza a Jibril y minimiza la participación libia en el derribo del avión de Pan Am

ROY ROWAN  21/04/1992

Las primeras sospechas tras el atentado que derribó un avión de la Pan Am el 21 de diciembre de 1988 sobre Lockerbie, Escocia, y en el que murieron 270 personas, recayeron sobre Ahmed Jibril, el misterioso dirigente del Frente Popular para la Liberación de Palestina-Mando General (FPLP-MG), de orientación prosiria. Sin embargo, el pasado noviembre, el Departamento de Justicia norteamericano acusó del atentado a dos libios, provocando las protestas de los familiares de las víctimas, que vieron en esta acusación una recompensa a Siria por su apoyo durante la guerra del Golfo. La investigación llevada a cabo por la revista norteamericana Time durante cuatro meses aporta nuevas pruebas sobre la pista siria. Israel rechazó ayer la tesis de Time, aduciendo que a Siria “se le adelantaron” los agentes libios.

El Vincennes, de la flota de EE UU, derribó un Airbus iraní en el golfo Pérsico y causó la muerte a 298 personas. Era julio de 1988; la venganza iraní era temida en Europa. Dos meses antes del atentado de Lockerbie la policía alemana detuvo a 16 miembros del FPLP-MG. En la redada se halló una bomba de material explosivo plástico escondida en un radiocasete, similar a la que haría estallar el avión de Pan Am. Jibril parecía actuar protegido por Siria y financiado por Irán. Miembros de los servicios de inteligencia de EE UU siguieron el rastro de una transferencia de varios millones de dólares a una cuenta del FPLP-MG de un banco de Viena.Cuando Washington cambió la acusación contra Damasco por la de Trípoli, hasta Vincent Cannistraro, que había dirigido la investigación de la CIA sobre el atentado, comentó al diario The New York Times que era excesivo atribuir toda la responsabilidad al dirigente libio Muammar al Gaddafi.

Y Time decidió investigar:

-Según un informe del FBI realizado en Alemania, la maleta procedente de Malta que, presumiblemente, contenía la bomba para el vuelo 103 de Pan Am era una prueba en la acusación de los dos libios. Pero la maleta con la bomba pudo haber sido introducida en Francfort en sustitución de otro bulto inocente.

-La maleta pudo introducirse en el avión por el grupo de Jibril con ayuda de Monzer al Kasar, un narcotraficante sirio que colaboraba con la Agencia Antidroga de EE UU (DEA) y con un equipo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Al Kasar podía ser un doble agente.

-El vuelo 103 se vislumbraba corno el objetivo de Jibril y su grupo. En él viajaba un equipo de la CIA, dirigido por el comandante Charles McKee, encargado de rescatar a los rehenes norteamericanos en Beirut.

La teoría de que Jibril eligió el vuelo 103 para asesinar a esos seis agentes de la CIA la sostienen dos expertos en espionaje. M. Gens Wheaton, oficial retirado de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE UU (DIA), con 17 años de servicio en Oriente Próximo, ve sorprendentes similitudes entre el desastre de Lockerbie y el del avión caído en Gander (Canadá) en 1985, causando la muerte a 248 soldados estadounidenses. Wheaton trabaja ahora para las familias de las víctimas de dicho desastre. “Un par de viejos camaradas del Pentágono creen que los terroristas del avión en Lockerbie querían matar al equipo de McKee, pero les dijeron que variaran el enfoque de sus investigaciones, porque revelaban una embarazosa carencia de seguridad”. El FBI afirma que investigó la teoría de que el equipo de McKee era el objetivo, pero no encontró ninguna prueba que la avalara.

Víctor Marchetti, ex ayudante ejecutivo del subdirector de la CIA y coautor de The CIA and the cult of intelligence, cree que la presencia del equipo en el vuelo 103 es una pista que no debe ignorarse. Marchetti estima que el atentado pudo evitarse. “El Mosad tenía información sobre él y no dio un aviso propiamente dicho. La CIA lo supo y estaba confusa”.

Inicialmente, las investigaciones centraron sus esfuerzos en examinar la procedencia de los equipajes. El riesgo que conlleva el que una maleta que contenga una bomba y no se lleve en persona sea transferida en una escala a otro vuelo de conexión no está de acuerdo con las precauciones que habitualmente toman los terroristas. De ahí que es más fiable que se introdujera en Francfort que en Malta.

Las acusaciones de Washington contra los libios Abdel Baset Alí al Megrani y Lamen Jalifa Fimá no explican cómo la Samsonite color bronce, supuestamente remitida por Air Malta, eludió el moderno sistema de seguridad del aeropuerto de Francfort. Estas acusaciones se basan en dos frágiles pruebas: la pista hasta Libia de un temporizador suizo, a pesar de que los investigadores pensaron al principio que en la explosión se utilizó un detonador barométrico. Y que la camiseta que supuestamente envolvía la bomba procedía de una tienda de Malta llamada Mary’s House. El propietario identificó a Al Megrani como el comprador de la camiseta, aunque antes confundió a éste con un terrorista palestino arrestado en Suecia.

Fueron las hojas de registro del ordenador del aeropuerto de Francfort las que decidieron el proceso contra los dos libios. Éstas, descubiertas meses después del atentado, parecen probar que la maleta enviada desde Malta fue registrada en la estación de codificación número 206 hacia la una de la tarde y después enviada a la puerta de embarque 44 de la Terminal B, de donde pasó al avión de Pan Am. Sin embargo, Time obtuvo una copia de las cinco páginas de un teletipo enviado el 23 de octubre de 1989 al director del FBI en Washington desde la Embajada de EE UU en Bonn, según el cual “Ios registros no indican el origen de la maleta enviada para ser cargada en el vuelo 103. Ni tampoco que llegara a ser cargada”. El informe del FBI concluye: “Existe la posibilidad de que no se produjera ninguna transferencia de equipaje desde el Vuelo 180 de Air Malta al 103 de Pan Am”. Pero sugiere “la posibilidad de que se sustituyera la maleta en el sistema de control de equipajes”.

Lee Kreindler, el abogado de los familiares de las víctimas, que ha reclamado a Pan Am 7.000 millones de dólares, afirma que puede probar que la maleta procedente de Malta fue puesta en el Vuelo 103. Y que un grave fallo en la seguridad de la compañía contribuyó al desastre.

Pero la firma de abogados Windels, Marx, Davies & Ives, que representa a la Pan Am, mantiene la teoría de la sustitución de maletas. Para unir todas las piezas contrató a Interfor. Inc., una firma de Nueva York especializada en investigación internacional y seguridad. Si no fuera por las increíbles historias reveladas durante las sesiones del Irangate, las conclusiones de Interfor se considerarían producto de la imaginación de unos detectives que se han vuelto locos, en especial si se tiene en cuenta el controvertido pasado del presidente de la compañía, Juval Aviv. Aviv, de 45 años y nacionalizado norteamericano, afirma haber encabezado al grupo del Mosad que dio caza y mató a los terroristas árabes que asesinaron a 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich.

Su investigación se basa en el narcotraficante sirio Monzer al Kasar, cuya participación en la liberación de dos rehenes franceses en 1988 atrajo el interés de una unidad de la CIA -con nombre en clave Corea y con “base en la ciudad alemana de Wiesbaden-, que, al parecer, traficaba con armas y drogas para intentar acceder a los grupos terroristas.

De acuerdo con Aviv, agentes de Corea permitieron a Al Kasar continuar con sus actividades de contrabando a cambio de ayuda para lograr la liberación de rehenes norteamericanos en Líbano. El negocio de narcotráfico de Al Kasar era también utilizado por la DEA para operaciones de envío de heroína desde Líbano a Detroit, Los Ángeles y Houston, que tienen importantes comunidades árabes, para localizar a los traficantes en EE UU.

En otoño de 1988, las actividades de Al Kasar fueron detectadas por Ahmed Jibril, líder del FPI,P-MG, a quien Teherán acaba de asignar la misión de vengar el derribo de su Airbus por la Marina de EE UU. Según Aviv, Jibril cenó con Al Kasar en un restaurante de París, donde logró del traficante, a regañadientes, el compromiso de ayuda en la colocación de una bomba a bordo de un avión.

El hombre al que los abogados de Pan Am consideran el testigo clave en este proceso está escondido por temor a perder su vida. Su nombre verdadero es Lester Knox Coleman III y trabajó como espía para la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) y la DEA. Hace un año realizó una declaración jurada por escrito en la que describía la operación de narcotráfico en la que estaba infiltrado Jibril.

“Se me dijo que en el aeropuerto de Francfort las maletas con las drogas serían puestas en vuelos hacia EE UU por agentes u otras personas que trabajasen en la zona de equipajes. Personalmente creo que la policía federal de Alemania estaba también implicada, como también lo estuvieron el servicio de aduanas del Reino Unido”.

En diciembre de 1988, Al Kasar consiguió información sobre la amenaza de acabar con su operación de contrabando. El equipo antiterrorista de Charles McKee en Beirut, que estaba investigando el posible rescate de los nueve rehenes en Líbano, intuyó su conexión con la CIA. El equipo estaba indignado porque la unidad Corea de Wiesbaden trataba con un sirio con importantes conexiones terroristas que podría poner en peligro el intento de rescate planeado.

McKee y su equipo decidieron volver a Virginia sin avisar y exponer las conexiones de Corea con Al Kasar. Se guardaron 500.000 dólares en efectivo destinados a su misión de rescate, así como mapas y fotografías de los lugares secretos donde estaban escondidos los rehenes y compraron billetes para el vuelo 103 de Pan Am.

En su libro Lockerbie: the tragedy of flight 103, el periodista de la radio escocesa David Johnston desveló, que agentes de la CIA sobrevolaron con helicópteros Lockerbie poco después de la explosión buscando los restos de la maleta de McKee. “Cogieron la maleta y su contenido y se fueron en el helicóptero a un lugar desconocido”. Días después, la maleta vacía fue puesta de nuevo en el mismo sitio.La bomba que estalló en el avión de la Pan Am podría haber sido montada por Maruan Abdel Razaq Mufit Jrisat, uno de los 16 detenidos brevemente en Alemania antes del atentado. En su coche se encontró el radiocasete con una bomba en su interior parecida a la que hizo estallar el avión. Sin embargo, el mes pasado la OLP informó que el artefacto fue construido por Jaisar Hadad, también miembro de la organización de Jibril.

En un libro recientemente publicado sobre el caso Lockerbie -On the trait of terror-, el periodista británico David Leppard declara que el investigador Thomas Hayes, que examinó una minúscula pieza de un temporizador recuperada entre los restos del avión, no pudo “asegurar públicamente si la bomba que destruyó el avión de la Pan Am fue realizada en principio por Jrisat y modificada posteriormente mediante temporizadores semejantes a los encontrados en posesión de los libios”.

El Tribunal Supremo británico sentenció que los abogados de la Pan Am podrían pedir el testimonio de Hayes. Sin embargo, su declaración fue bloqueada por una maniobra de las autoridades escocesas en el último momento por razones de seguridad nacional. Los abogados de la Pan Am recurrieron la decisión.

Al Kasar no sabía cómo y cuándo Jibril había planeado usar la bomba. Un agente del Mosad, de acuerdo con Aviv, advirtió a EE UU y a los servicios secretos alemanes que se pensaba realizar un atentado hacia el 18 de diciembre en un avión con pasajeros estadounidenses que saldría de Francfort. Al Kasar se dio cuenta inmediatamente de que el vuelo 103 de la Pan Am era el objetivo más probable y, jugando a dos bandas, lo notificó a la Corea. Su advertencia corroboraba una anterior amenaza de bomba contra un vuelo no específico de la Pan Am que salía de Francfort, realizada por teléfono a la Embajada de EE UU en Helsinki.

En enero de 1990, Aviv y otra persona que había trabajado como experto en detectores de mentiras en el Ejército estadounidense volaron a Francfort para aplicar el detector de mentiras a Killin Caslan Tuzcu y a Roland O’Neill, los únicos mozos de equipaje de la Pan Am que, según la compañía, habrían podido manipular las maletas y colocar la que tenía la bomba. Aviv declaró posteriormente ante el Tribunal Federal de Washington que Tuzcu “no decía del todo la verdad cuando afirmaba que él no había sustituido las maletas”, y que “en su opinión, Roland O’Neill mentía cuando afirmaba que él no había visto sustituir la maleta y que tampoco sabía qué había en la maleta cambiada.

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