Revelaciones del libro ‘Striking back’, de Aaron Klein, ex capitán de los servicios de inteligencia israelí, hoy catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Nadie entendió durante muchos años qué fue lo que mató al doctor Wadi Haddad (también conocido como Abu Hani), dirigente del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) la escisión palestina del Movimiento Nacionalista Arabe tras la Guerra de los Seis Días en 1967, y que fue el cerebro de decenas de secuestros de aviones y de acciones terroristas contra objetivos israelíes, norteamericanos y europeos. Se acaba de confirmar que le mató una caja de chocolates belgas envenenada por el servicio secreto israelí, el Mossad.

Haddad vivía en Bagdad, tenía 48 años y sufría de un gran exceso de peso. Cuando murió el 30 de marzo de 1978, en un hospital de Alemania Oriental, había perdido muchos kilos y su sistema inmunológico se había derrumbado. Sus seguidores en el FPLP sospechaban que se trataba de un envenenamiento, pero el informe médico señalaba sólo síntomas de leucemia.

Durante mucho tiempo, Israel mantuvo el silencio. Ahora, Aaron Klein, comentarista israelí, que en el pasado fue capitán de los servicios de inteligencia y que actualmente enseña en la Universidad Hebrea de Jerusalén, confirmó en un libro recién publicado, ‘Striking back’, que la muerte de Haddad fue provocada por agentes israelíes.

El líder palestino dirigió el secuestro de un avión de la compañía israelí El-Al el 23 de julio de 1968, y en los años ’70, de varios aviones de Lufthansa y de Air France. Uno de ellos fue secuestrado el 28 de junio de 1976, siendo desviado hacia Entebe (Uganda). Una semana después, una unidad de elite del Ejército israelí, dirigida por agentes del Mossad, aterrizó en Entebe, a 1.600 Km. de distancia de su base, y liberó a los rehenes del avión francés. Años antes Haddad había llegado a contratar los servicios de Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos El Chacal, para realizar diversos secuestros como el de los miembros de la OPEP en su sede de Viena en 1975. Después de Entebe, el Mossad recibió el permiso del nuevo Primer Ministro, Menahem Beguin, para matar a Haddad. El único pequeño gran problema era que éste jamás salía de Bagdad.

La unidad Tzomet del Mossad encargó a sus agentes secretos que buscaran el talón de Aquiles del palestino, su debilidad. “Haddad sabía que podía morir alcanzado por una bala o explotar cuando contestara al teléfono. Nunca se imaginó que moriría envenenado por un chocolate belga”, escribe Aaron Klein.

Un palestino activista del FPLP, que trabajaba para los servicios israelíes, le trajo una caja de chocolates belga imposible de conseguir en esa época en Irak. Los agentes israelíes habían introducido un veneno biológico letal. Tal como se imaginaban, Haddad se comió solito toda la caja. Rápidamente perdió el apetito. Pocos meses más tarde moriría en la antigua RDA. Klein escribe que, según el Mossad, la desaparición de Haddad redujo drásticamente el número de atentados contra objetivos israelíes fuera del país.

Tambien existen informaciones que situan a Haddad como un agente que fue captado por el KGB, servicio secreto sovietico, durante la década de los años setenta.

El médico del FPLP fue sólo uno de los casos de envenenamiento puesto en práctica por los agentes del Mossad. Hay muchos más que permanecerán como secreto de Estado durante años. Lo que más se conoce son los fracasos.

Es el caso del líder del comité político de Hamas, Haled Mashal. El 25 de septiembre de 1997, dos israelíes acudieron a Ammán con un veneno hasta entonces desconocido. Le esperaban en las oficinas de la organización islamista en la capital jordana. Cuando Mashal apareció intentaron asesinarlo inyectándole el veneno en el oído. Huyeron en un coche, siendo perseguidos por agentes de seguridad jordanos. Éstos lograron arrestar a los israelíes, llevándolos a una comisaría e informando al Gobierno jordano. Cuando el Rey Hussein se enteró, no pudo esconder su ira.

Las noticias llegaron rápidamente a Israel. El entonces Primer Ministro Binjamín Netanyahu se justificó afirmando que “la política del país es golpear al terrorismo donde sea necesario”.

A pesar de esto, ordenó al jefe del Mossad que partiera de inmediato al Palacio Real jordano para informar de lo ocurrido en primera persona Hussein.

Netanyahu dijo también al jefe de sus servicios secretos que llevara consigo el antídoto para salvar a Mashal. Éste sobrevivió y en las negociaciones posteriores para la liberación de los 2 agentes israelíes, las autoridades jordanas exigieron que Israel liberara de sus cárceles a varios presos palestinos, entre ellos al líder espiritual y fundador del movimiento radical Hamas, el jeque Ahmed Yassin.

Klein resume en su libro que la justicia, la efectividad y el valor de las operaciones selectivas han sido siempre tema de polémica durante los años de conflicto en Oriente Medio. “Golpes y contragolpes se suceden a gran ritmo. El debate sube y baja. Desaparece y vuelve a surgir, quedando siempre sin solución”.

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