El misterio en torno al ‘Arctic Sea’, un carguero de tamaño medio que había partido del puerto finlandés de Jakobstad el pasado 23 de julio con un cargamento de madera valorado en 1,3 millones de euros rumbo a Bejaia (Argelia), adonde tenía previsto llegar el 4 de agosto, comenzó el 24 de julio en el mar Báltico. Cerca de las idílicas islas Gotland y Oland una barca de goma grande se dirigió a toda velocidad hacia el carguero. A bordo viajaban hombres armados hasta los dientes. Se hicieron pasar por policías de narcóticos, apresaron a los tripulantes, les golpearon con las culatas de sus armas a los que mostraron resistencia e hicieron navegar el barco en zigzag o en círculos, sin rumbo determinado. Según las descripciones de la compañía naviera finlandesa, 12 horas después los asaltantes desaparecieron sin ser reconocidos. Y sin botín.

Dos semanas después el carguero ‘Arctic Sea’ atravesó el Canal de la Mancha desde el Mar del Norte, las autoridades de vigilancia costera británicas no detectaron nada sospechoso a su paso por el transitado estrecho de Dover. La Interpol había advertido a los británicos de que el carguero había sido abordado el día 24 de julio (cuatro días antes de entrar en el puerto de Dover) por hombres enmascarados, mientras que se encontraba en aguas suecas.

En aquel momento era una incógnita lo que habia sucedido a bordo del ‘Arctic Sea’, que bajo bandera maltesa transportaba un cargamento de madera a Argelia para una compañía naviera finlandesa. Tras pasar el estrecho de Dover, su sistema de señales electrónicas parecian haber sido apagados. Sus movimientos fueron registrados por última vez en la costa de Brest, norte de Francia, el 30 de julio, aunque hubo posteriores informaciones de que podría haber sido visto en las costas portuguesas a principios de Agosto.

Los guardacostas pensaron que hablaban con un miembro de la tripulación cuando el 28 de julio el barco estableció por última vez contacto. Pero “podría haberse tratado también de alguien a quien apuntaban a la cabeza con una pistola, o incluso un secuestrador”, admite Mike Clark, portavoz de la Agencia de Guarda Costera y Marítima británica.

Después del abordaje en el Mar Báltico y la última localización del ‘Arctic Sea’ ante la costa del norte de Francia, comenzaron a circular rumores. ¿Había armas a bordo, o se traficó con drogas? ¿Los piratas tenían intención de secuestrar el barco para obtener un rescate a cambio del cargamento de madera valorado en más de un millón de euros? ¿Fue la propia tripulación la que tomó posesión del barco o fue obligada a transportar un flete ilegal? Todo parecia posible. Lo único que se descartaba es que hubiese una explicación inofensiva.

Rusia entra en escena

Entre tanto, se puso en marcha una operación de búsqueda internacional. El presidente ruso, Dmitri Medvedev, se tomó muy un serio la situación. Dio órdenes al Ministerio de Defensa de su país de que se adoptasen “todas las medidas necesarias para encontrar el barco, y, si es necesario, liberar” el barco. La tripulación estaba compuesta por 15 marineros rusos. Para sorpresa de los analistas de seguridad, Rusia –que no tiene al barco bajo su bandera, ni siquiera su propiedad, que es finlandesa, ni es origen de la carga– lanzó una flotilla de guerra para localizar al barco fantasma, ante la anuencia de la Unión Europea, teórica responsable al desaparecer el barco en sus aguas.

Según las autoridades de Malta, el carguero se habría adentrado en el Océano Atlántico, lo que reforzaría la hipótesis del secuestro. Según los expertos, el carguero podría haber sido víctima de una nueva forma de piratería operando en aguas europeas, eso sí, con poco que ver con los piratas somalíes que abordan navíos en el Golfo de Adén. Nunca llegó a su destino en Argelia y los guardacostas estaban perplejos. Pensaban que los piratas sólo hacían de las suyas frente a las costas de Somalia, pero no en las aguas del Mar del Norte o del Mar Báltico. El hecho de que no se hubiese exigido un rescate desbarataba, según algunos expertos, la hipótesis de que los responsables de la desaparición fuesen piratas, lo que añadia mayor incertidumbre sobre el destino del barco. Además, ya existían precedentes de cargueros con madera que habian sido secuestrados y repintados tras haber sido descargados.

El sindicato de marineros Nautilus International criticaba que las autoridades se hubiesen percatado demasiado tarde. “Es inaudito que un barco pueda navegar durante más de dos semanas sin que nadie conozca su posición exacta”, denunció el secretario general Mark Dickinson. “Las autoridades seguro que no estarían tan relajadas si se tratase de un avión secuestrado”. Pero el director de comunicaciones de la Cámara de Navegación británica, Jeremy Harrison, dudaba: “Esto [del secuestro] es especulación que se ha sacado de quicio”, avalando la teoría de que simplemente estaba ilocalizable, lo que aunque resulte raro no estaba completamente fuera de lo ordinario.

Aparece en Cabo Verde

Tras varias semanas desaparecido, algunas informaciones apuntaban que el buque mercante había sido avistado el viernes en aguas internacionales del océano Atlántico, a unas 400 millas al norte de las islas de Cabo Verde. Así lo aseguraba la agencia de noticias portuguesa ‘Lusa’, que citaba al director general de Defensa de Cabo Verde, Pedro Reis.

“El barco se encuentra a una distancia de 400 millas náuticas (740 km) al norte de Sao Vicente, en el exterior de la zona económica exclusiva de Cabo Verde”, decía la agencia portuguesa.

Pero la localización del barco no parecia ser cierta. Moscú había enviado barcos de guerra para encontrar al navío perdido y, horas después, desmentía su avistamiento. “Hubo informes de que un barco carguero similar al buscado fue visto a 400 millas náuticas al norte de la isla de Santo Antao”, afirmó Alexander Karpushin, embajador de Rusia en Cabo Verde.

Por otra parte, la Comisión Europea creia que el ‘Arctic Sea’ podría haber sido víctima de dos ataques, en lo que no parecia ser una acción de piratería “tradicional”, según informó el viernes 14 de agosto, un portavoz de la Comisión Europea.

Las comunicaciones por radio recibidas apuntaban a que el buque habría sido aparentemente atacado dos veces, la primera en aguas de Suecia y la segunda en aguas de Portugal, indicó el portavoz, Martin Selmayr.

Selmayr añadió que, según las informaciones disponibles, los aparentes ataques “no tenian nada que ver” con la piratería o con el asalto a mano armada en alta mar tradicionales.

Finalmente, el lunes 17 de agosto, el ministro ruso de Defensa, Anatoli Serdioukov, informaba de que el barco habia sido hallado a unas 300 millas naúticas (unos 550 kilómetros) de Cabo Verde, frente a las costas mauritanas. El barco secuestrado ‘Arctic Sea’ contenia una sorpresa: había sido camuflado como el ‘Jin Jon 2’, de Corea del Norte, que lleva madera desde La Habana a Sierra Leona. Una resolución de este mismo año de la ONU, la 1874/2009, permite el abordaje de barcos procedentes, con destino o con bandera de Corea del Norte por parte de autoridades policiales o militares de casi todo el mundo. Es decir, que un barco con bandera norcoreana, con un nombre falso (el Jin Jong 2 real está en Corea del Norte y es un carguero mucho mayor), con matrícula falsificada (la que figura es clamorosamente falsa, según afirman miembros de la Armada que han visto al barco en persona), todo ello realizado de manera burda, era un foco de atracción en el mar más vigilado del globo.

Los tripulantes del buque estaban sanos y salvos y habian sido trasladados ya al buque de guerra Ladny, siendo interrogados para esclarecer lo ocurrido desde finales de julio, cuando se perdieron las pistas del Arctic Sea, ha informado la agencia de noticias rusa RIA Novosti.

“El Arctic Sea fue hallado hoy a unas 300 millas de las islas de Cabo Verde”, informó el ministro al presidente ruso, Dmitri Medvédev, y añadió que el barco de carga no estaba secuestrado, como se temía. Los marineros rusos “están sanos y salvos, y no se encontraban bajo control armado”, dijo el ministro en alusión al posible secuestro, a pesar de que la Policía de Helsinki había informado el pasado sábado 15 de agosto, de que unos desconocidos habían pedido rescate por el barco mercante, propiedad de la compañía finlandesa Solchart Management.

Comienzan las especulaciones

Pero al día siguiente, el ministro de Defensa, Anatoly Serdiukov, el mismo que el lunes informó al presidente Dmitri Medvédev que el barco no había sido secuestrado, explicó que habían arrestado a ocho secuestradores -cuatro estonios, dos letones y dos rusos- y que eran los mismos hombres armados que el 24 de julio pasado abordaron el Arctic Sea frente a las costas de Suecia. No abandonaron el barco, como se había informado antes, sino que permanecieron en él y lo obligaron a cambiar el itinerario. Ese grupo desactivó inmediatamente el moderno sistema de seguimiento por satélite (el Automatic Identification System, AIS) que llevaba el Arctic Sea. El barco cruzó el Canal de la Mancha monitorizado por las autoridades británicas, porque había declarado una avería en las comunicaciones. Según su documentación llevaba madera valorada en más de un millón de euros, tenía como destino un puerto de Argelia, en el Mediterráneo.

Este nuevo viraje en la historia de este barco de bandera maltesa planteaba una serie de interrogantes. Por ejemplo, ¿es posible que el capitán del buque de guerra que encontró al Arctic Sea en el Atlántico pudiera mentir a su ministro y éste malinformara al jefe de Estado? ¿Hay tras el misterio del Arctic Sea una mano poderosísima que hace cambiar a voluntad las circunstancias de la desaparición del barco para ocultar su delito fallido?

El problema es que ya era difícil creer lo que decian las autoridades rusas, sobre todo después de las declaraciones del Dmitri Rogozin, el representante ante la OTAN, quien dijo que durante la búsqueda del Arctic Sea se habia dado conscientemente información falsa. Como escribia en su Boletín Marítimo el experto ruso Mijaíl Voitenko, Rogozin explicó que se había desinformado a los periodistas para ocultar lo que realmente estaban haciendo los militares.

Voitenko señaló que lo sucedido con el barco mercante no tiene “nada que ver con la seguridad de la navegación en las aguas europeas” y que no estaba dispuesto a escarbar más profundamente en el asunto. ¿La razón? “Tengo que preocuparme de mi propio pellejo, a fin de cuentas. Y entiendan estas palabras como quieran”, manifestó.

La desinformación de la que hablaba Rogozin tenía un claro objetivo: garantizar que los buques rusos, lanzados a la búsqueda del Arctic Sea como consecuencia de una orden sin precedentes del presidente ruso, fueron los primeros en encontrar al carguero. Lo que de nuevo hacia surgir la pregunta de si realmente llevaba sólo madera.

De momento, Rusia estaba siendo presionada por Finlandia, mientras Letonia y Estonia estaban pidiendo a Moscú que les permitiera participar en las investigaciones. Los rusos habian abierto su propia averiguación y habian enviado a un grupo de fiscales al buque militar Ladny, donde estaban detenidos los presuntos piratas y los 15 marineros que formaban la tripulación del Arctic Sea.

Al dia siguiente, el Ministerio de Defensa en Moscú, los piratas que supuestamente tomaron el control del carguero Arctic Sea, exigieron un rescate y amenazaron con hacerlo explotar y hundirlo si no les daban lo que pedían, según ha explicado la tripulación del navío, de nacionalidad rusa, durante los interrogatorios a los que sus miembros han sido sometidos.

Los marineros del Arctic Sea aseguran también que los ocho secuestradores iban armados y que se deshicieron de sus armas cuando un buque del Ejército ruso ordenó al mercante que se detuviera. Los militares rusos no dicen cuánto dinero querían los piratas, pero Vladímir Dushin, vicepresidente responsable de seguridad de la compañía rusa Renaissance Capital, declaró al prestigioso periódico Kommersant que el 3 de agosto recibieron una llamada teléfonica de un desconocido que, en inglés, exigió 1,5 millones de dólares (poco más de un millón de euros). El hombre advirtió que si no entregaban el dinero, matarían a la tripulación del Arctic Sea y hundirían el carguero. La llamada se explica por el hecho de que Renaissance Capital es la compañía que aseguró al barco. La empresa entró entonces en contacto con los servicios secretos de Rusia, que supervisaron a partir de entonces las negociaciones.

Pese a las explicaciones de Moscú, aún existen dudas sobre lo sucedido con el barco, que a finales de julio desapareció a la salida del Canal de la Mancha. El Kremlin, a través de su representante en la OTAN, ha reconocido que dio información falsa a los medios de comunicación para ocultar lo que realmente estaban haciendo los buques del Ejército ruso que salieron hace unos días en busca del navío, cumpliendo una orden sin precedentes del presidente ruso, Dmitri Medvédev.

Todo esto volvio a disparar las sospechas y ha multiplicar las especulaciones en torno a lo que realmente podía tener en sus bodegas el Arctic Sea. El experto Mijail Voitenko, que dirige la página de Internet Boletín Marítimo-Sovfrajt ya afirmaba que podía tratarse de una operación de los servicios secretos rusos para detener al barco que podría llevar misiles o material radiactivo.

El jueves 20 de agosto, tres aviones militares de trasporte Il-76 aterrizaban en el aeródromo de Chkálov, en las afueras de la capital rusa, procedentes de Cabo Verde, con 11 miembros de la tripulación del Arctic Sea. Con ellos viajaban los ocho piratas que, según la versión oficial se apoderaron del carguero el 24 de julio pasado , y los miembros de los órganos de investigación encargados de dilucidar el misterioso caso.

Por qué se habían utilizado tres aviones pesados capaces de transportar 44 toneladas de carga cada uno para traer a Moscú a un pequeño grupo de hombres era otra de las muchas incógnitas que rodeaban la historia del Arctic Sea.

Varios autobuses militares y automóviles de diversos servicios secretos esperaban en el aeródromo de Chkálov la llegada de los aviones, y la televisión rusa mostró imágenes en los que se ve a militares llevándose a los detenidos. Los secuestradores fueron conducidos a la famosa cárcel de Lefórtovo, en Moscú, después de pasar exámenes médicos para determinar si tenían la gripe A u otras enfermedades. Lefórtovo era una cárcel del KGB en la época soviética y ahora es administrada por su sucesor, el Servicio Federal de Seguridad.

El canal ruso Vesti mostró otras imágenes de la tripulación, todavía en Cabo Verde, con declaraciones de un marinero que explicó las vendas que tenía en una mano diciendo que había tratado de resistirse a los piratas. Otro marinero dijo que uno de ellos había alcanzado a enviar un SMS avisando que el barco había sido secuestrado. “Llamaron de vuelta preguntando si era verdad lo del secuestro, pero el capitán, que estaba amenazado con una pistola, qué podía contestarles, dijo que no, que era una broma”, relató el marinero.

Después de que el barco no llegara, como estaba previsto, el 4 de agosto al puerto argelino y que fuera imposible comunicarse con él, Rusia lanzó en su búsqueda aviones de combate y buques de guerra. El lunes pasado el antisubmarinos Ladny encontró al Arctic Sea a unos 500 kilómetros de las costas de Cabo Verde, le ordenó detenerse y tomó el control del barco.

El martes 25 de agosto, el periódico ‘Moskovski Komsomolets’, citando fuentes confidenciales, informaba que el Arctic Sea transportaba armas de contrabando cuyo propietario y destinatario se desconocian en ese momento. Según este diario, cuya información recoge RIA Novosti, los presuntos “piratas” que secuestraron el ‘Arctic Sea’ en el mar Báltico fueron contratados por el servicio secreto de un país miembro de la UE, tal vez, para después chantajear a Rusia o simplemente con ánimo de lucro, pues nadie suele causar alboroto cuando se roban semejantes mercancías.

Lo más probable, prosigue el rotativo, es que los propios “piratas” no estuvieran al corriente del plan y que sólo supieran que era necesario apoderarse de la embarcación y llevarla a un punto determinado. Cuando el destructor antisubmarino ‘Ladni’ de la Armada rusa descubrió cerca de Cabo Verde el buque desaparecido, de bandera maltesa, Rusia enseguida envió a la zona un grupo especial de la Dirección General de Inteligencia (GRU) del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

Los secuestradores —de nacionalidad rusa, estonia y letona por lo que se ha sabido hasta ahora— no opusieron resistencia, por lo cual el comando del GRU, integrado por 40 hombres, se limitó finalmente a escoltarles a Rusia.

Entretanto, los familiares de los presuntos secuestradores defienden que éstos fueron víctimas de “juegos políticos”. “Creo que les tendieron una trampa y no es sólo mi opinión, todo el mundo que les conoce también lo piensa”, explicó a la televisión estonia Alexei Bartenev, hermano del sospechoso Dimitri Bartenev. “Estaban buscando trabajo y se vieron inmersos en un conflicto político, fueron hechos rehenes de un juego político”, denunció, sin dar más detalles. Asimismo, dijo que los sospechosos deberían ser juzgados en la Unión Europea, donde se cometió el presunto delito. En virtud del Derecho Internacional, los presuntos piratas son juzgados en el país cuyas fuerzas les detuvieron. Los arrestados se enfrentarian a penas de hasta 20 años.

El 4 de septiembre, el periodista Mijaíl Voitenko, editor de una revista del sector marítimo, abandonaba Rusia con rumbo a Turquía por haber recibido, según denuncia, amenazas de muerte. Voitenko fue quien desveló la misteriosa desaparición del buque en las aguas del Atlántico -estuvo ‘perdido’ desde el 24 de julio hasta el 16 de agosto- y uno de los primeros periodistas que dijo que el navío, que oficialmente transportaba madera por valor de 1,3 millones de euros de Finlandia a Argelia, llevaba armas.

“Mientras esté fuera de Rusia me siento seguro. Al menos ellos no podrán llevarme de vuelta y encerrarme”,
dijo Voitenko a la BBC en conversación telefónica desde Estambul. El redactor jefe del boletín marítimo Sovfrakht ha explicado que las personas que están implicadas en el turbio asunto del navío están enfadadas con él porque ha hablado del tema del contrabando públicamente. Cree que las amenazas contra él proceden del servicio secreto ruso.

El Mossad entra en escena

La tesis de que el Arctic Sea llevaba armas se ha visto reforzada en los últimos días a medida que ha cobrado fuerza la especulación de que el secuestro no fue obra de piratas comunes sino una operación del servicio secreto israelí, el Mossad. Se ha publicado que los israelíes asaltaron el barco para impedir que el cargamento de armas llegara a Irán.

La primera persona que apuntó a la posibilidad del tráfico de armas en este caso fue la periodista y novelista Yulia Latínina, en un artículo publicado en la revista quincenal Nóvya Gazeta. Decía en aquella ocasión: “Supongamos que el Arctic Sea llevaba armamento o material nuclear, algo producido en Rusia y destinado a nuestros pacíficos aliados como Siria o Irán. En ese caso, el más probable interceptor del navío es Israel, y la historia del secuestro de los piratas del ‘pacífico carguero’ nos recuerda la del bombardeo israelí de ‘un par de edificios abandonados’ en el desierto sirio hace unos dos años”.
Recientemente, el almirante Tarmo Kouts, relator de la Unión Europea sobre piratería y ex comandante de las Fuerzas Armadas de Estonia, también cree que el Arctic Sea “fue interceptado por agentes al servicio de Israel”.

Lo más curioso es que Rusia parece no estar en contra de que se divulgue esta versión. Al menos Komosomólskaya Pravda, diario muy popular y que no hace nada que pueda irritar al Kremlin, publicaba la semana pasada una entrevista con un presunto capitán de navío, adscrito al Estado Mayor de la Armada y supuesto participante en las búsquedas del Arctic Sea, de la que se desprendía que este barco llevaba armas y que posiblemente los piratas estuvieran al servicio de Mosad. Cuando el periodista le preguntó si el buque transportaba, además de madera, drogas o armas, el anónimo capitán responde que “la versión de las drogas fue desechada desde el comienzo de la investigación”. “¿Quedan las armas?”, se interesa el reportero. “Sí, armamento”, respondió el marino.

Komsomólsakya Pravda supone que podrían ser sofisticados lanzamisiles S-300, pero el capitán le explica que eso sería imposible de ocultar en el carguero. Ahora bien, “podrían ser misiles para las lanzaderas S-300, bombas ‘inteligentes’ o misiles de otro tipo, por ejemplo X-55”, señalaba el oficial. Lo que no explicaba el capitán es para qué querría Irán misiles para unas lanzaderas que no tiene. ¿O es que los ayatolás ya poseen este sofisticado armamento?

Hace dos días, Yediot Ajronot, el periódico de mayor difusión en Israel, daba en portada la noticia de que “piratas enviados por Mosad se apoderaron en alta mar del Arctic Sea”. A favor de esta versión hablaría, según sus partidarios, la visita que el presidente Simon Peres realizó en Sochi a su homólogo Dmitri Medvédev inmediatamente después de que el Arctic Sea fuera hallado y abordado por los buques de la Armada rusa. Posteriormente se ha hecho público que veinticuatro horas después de que ese grupo armado abordara al Arctic Sea, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hizo un viaje, en vuelo privado y fuera de agenda, a Rusia. Aterrizó secretamente en la base de Kubinka, cerca de Moscú, donde mantuvo una entrevista con el presidente ruso, Dimitri Medvedev. Le acompañaba el ministro de Asuntos Militares israelí, Meir Karifi, y uno de los principales halcones del país, el consejero de Seguridad Nacional, Uzi Arad.

El capitán entrevistado por Komsomólskaya Pravda asegura que Rusia le pidió a la OTAN y a los países europeos que no intervinieran en el asunto del Arctic Sea. Pero nadie es capaz de explica por qué Europa supuestamente encubrió un contrabando de armas destinado a un país como Irán, contra el que hay sanciones internacionales. Porque lo que sí está claro, es que Europa se hizo a un lado y dejó todo en manos de los rusos.

El 8 de septiembre, El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, negaba tajantemente que el carguero Arctic Sea, llevase misiles S-300 hacia Irán, como se especulaba la semana anterior. Lavrov calificaba de “absolutamente falsas” las informaciones aparecidas la semana pasada que aseguraban que el carguero transportaba armamento hacia Irán y que en realidad había sido abordado por agentes del Mosad, el servicio secreto israelí, para evitar que las armas llegasen a su archienemigo. Para Lavrov, la información de que el carguero trasportaba misiles S-300 “no tienen fundamento” y prometia una investigación “transparente” en la que participasen las autoridades maltesas, bajo cuya bandera navegaba el Arctic Sea. A las declaraciones de Lavrov se unió después la fiscalía rusa, que informaba que los inspectores que habian examinado el barco no habian encontrado “más que madera”.

Sin embargo, dias despues un alto funcionario de Israel, allegado a los servicios de inteligencia, dijo a la BBC que su país estuvo detrás de la misteriosa desaparición del buque de carga Arctic Sea, que según Moscú fue secuestrado en alta mar mientras transportaba una cargamento ruso de madera.

El funcionario afirmó que Israel le había manifestado a Rusia que sabía que el buque cargaba un sistema de defensa antiaérea cuyo destino -secreto- era Irán. La fuente añadió que Israel le había dado tiempo al gobierno de Moscú para encontrar una forma de desviar el cargamento antes de hacer pública la denuncia.

El corresponsal de la BBC en Jerusalén, Tim Franks, dice que ahora crece la intriga sobre el destino del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, durante un viaje que hizo la semana pasada. El lunes, el despacho del primer ministro insistió que había ido a visitar una instalación de seguridad. Pero algunos medios en Israel informan que Netanyahu viajó secretamente a Moscú para discutir el tema del cargamento del Arctic Sea.

El alto funcionario israelí dice que las autoridades rusas se idearon la historia de piratería para evitar la denuncia pública israelí y pasar una vergüenza diplomática. Israel está particularmente preocupado con el sistema de defensa antiaérea en Irán, dice el corresponsal de la BBC, ya que consideraría que la única forma de lidiar con las ambiciones nucleares iraníes sería lanzando un ataque aéreo contra instalaciones en ese país.

El enviado de Estados Unidos al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dijo este miércoles que Irán tenía, o estaba cerca de tener, suficiente uranio para producir un arma nuclear. Por su parte, Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines enteramente pacíficos.

El diario israelí de mayor difusión, ‘Yediot Ajronot’, también ha señalado en su portada que “piratas enviados por el Mosad se apoderaron en alta mar del Arctic Sea”, que abandonó Finlandia el 22 de julio en dirección a Argelia. Supuestamente, transportaba madera por un valor de menos de dos millones de dólares. Dos días después, ocho presuntos piratas abordaron la embarcación y la secuestraron. Una semana más tarde cortaron las comunicaciones, y sólo tres semanas después de la partida, en Cabo Verde, en el Atlántico, fueron detenidos por una fuerza militar rusa compuesta por varios barcos de guerra y submarinos. Los piratas arrestados eran ciudadanos rusos y estonios, que fueron llevados en aviones militares de transporte hacia Moscú para ser interrogados.

El periódico Komsomolskaya Pravda cita a un alto mando de la armada rusa, relacionado con la investigación, que cree que el Arctic Sea llevaba misiles hacia Irán. “Se trata, según parece, de misiles antiaéreos S-300 o de misiles de crucero X-55 –con un alcance de 3.000 kilómetros–. La mafia que normalmente transporta armas podría ser responsable de un envío en el que estarían involucrados altos funcionarios rusos”. Según el oficial ruso citado por el rotativo, la detención del barco evitó una situación complicada para Moscú.

Se cree que la fugaz visita a Rusia del presidente de Israel, Shimon Peres, podría estar relacionada con el incidente. Peres se encontró de forma inesperada con su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, el 18 de agosto, 24 horas después de la detención del barco. El Ministerio de Exteriores israelí explicó que la cumbre de cuatro horas de duración (a solas y a puerta cerrada) estuvo dedicada a las ventas de armas y equipos militares a países hostiles a Israel. Según los portavoces oficiales de Jerusalén, Peres subrayó que “Israel tiene pruebas concretas de que armamento ruso es entregado por Irán y por Siria a organizaciones terroristas tales como Hamas e Hizbulah”.

El Kremlin ignoró la venta de armas, pero un portavoz destacó que “ahora Rusia e Israel entienden mejor las posiciones de las dos partes”. La presidencia del Gobierno israelí, el Mosad y los servicios de seguridad interna, Shin Bet, reaccionaron con un lacónico “sin comentarios”.

La explicación más lógica es que Israel haya detectado armas estratégicas destinadas a Irán o Siria y decidido actuar en la sombra para no poner a Moscú en un aprieto públicamente. Sin embargo, lo ocurrido podría ser usado por Israel para presionar a Rusia en todo lo que concierne a la venta de armas en Oriente Medio.

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