Intereses económicos, influencia política… el ejército de Guardianes de la Revolución Islámica, responsable de la captura de los marinos británicos, es mucho más que un brazo de las fuerzas armadas iraníes. Tras la llegada al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad, un veterano de ese cuerpo, se ha convertido en el verdadero poder detrás del poder. Por eso su acción no busca un mero intercambio por los cinco iraníes que Estados Unidos tiene detenidos en Irak, sino que constituye una advertencia ante el creciente acoso internacional.

El círculo se ha estrechado sobre los Guardianes de la Revolución a la vez que aumentaba la presión internacional sobre Irán. La administración estadounidense, que les acusa de varios atentados contra sus intereses, de apoyar a los extremistas en Oriente Próximo y de armar a las milicias iraquíes, está utilizando la crisis nuclear para arrinconarles. La última resolución del Consejo de Seguridad constituye sólo uno de los frentes.

En los últimos meses, el Ejército norteamericano ha detenido en Irak a por lo menos una docena de iraníes a los que vincula a Al Quds, la fuerza de élite de los Guardianes. Cinco de ellos -según el Gobierno de Teherán, diplomáticos acreditados en su consulado de la norteña ciudad iraquí de Erbil- siguen en paradero desconocido y sin que se les haya facilitado asistencia consular.

Con motivo o sin él, los iraníes también ven la mano de Washington o de sus aliados detrás de la violencia separatista que desde hace un par de años sacude sus regiones fronterizas, y que en el caso concreto de Baluchistán ha tenido como objetivo a los guardianes. A lo que hay que sumar, la desaparición el pasado diciembre en Estambul de Alireza Asgari, un general retirado de ese cuerpo y ex viceministro de Defensa.

El caso, que no se conoció hasta febrero, tiene todos los ingredientes de una novela de espías. Irán lo ha denunciado como un secuestro, pero la prensa israelí ha hablado de deserción. Al parecer Asgari fue un agente iraní clave en la organización de Hezbolá, el movimiento chií libanés, durante los años ochenta y primeros de la década de los noventa.

Según el semanario estadounidense Time, Robert Baer, oficial de la CIA en Beirut por aquel entonces, el general ahora desaparecido era el principal contacto de Hasán Nasralá, el líder de Hezbolá, y del buscado Imad Mugniyá, al que EE UU acusa de diversos actos terroristas y sitúa en Irán.

Para ahondar más en la herida, algunas filtraciones israelíes a los medios de comunicación han dado a entender que Asgari había sido reclutado por el Mosad (el servicio secreto israelí) bajo una operación de bandera falsa, es decir, haciéndole creer que trabajaba para un país europeo. Tanto si se trata de un secuestro como si se ha pasado al enemigo, el asunto constituye una humillación para los Guardianes, ya que se presume que el general conoce información relevante -y tal vez unos cuantos secretos- sobre el cuerpo.

“Todo ello les está generando una percepción de debilidad que es muy peligrosa”, interpreta un embajador convencido de que la captura de los británicos es una respuesta a ese acoso. Pero ¿quiénes son los Guardianes de la Revolución y dónde radica su poder?

Creado en 1979 como un ejército popular para defender la Revolución Islámica, este cuerpo paramilitar adquirió un gran protagonismo durante la guerra contra Irak (1980-1988). Sin embargo, nunca se integró en el Ejército regular y hoy no sólo mantiene una estructura de mando independiente, sino que sus entre 150.000 y 200.000 hombres constituyen la mayor fuerza armada de Irán.

Su comandante -en la actualidad el general Yahya Rahim Safavi- responde directamente ante el líder supremo, Alí Jamenei. Safavi es uno de los 12 iraníes mencionado en las sanciones que la ONU aprobó en diciembre (resolución 1.737) “por su relación con los programas nuclear y de misiles balísticos”. La nueva resolución del Consejo de Seguridad (1.747) amplia su alcance e insta a que se congelen los activos de otros siete altos oficiales de ese cuerpo. El texto también prohíbe que Irán exporte armas, una importante fuente de ingresos para los Pasdarán aunque no la única. Bajo la presidencia de Alí Akbar Rafsanyani, los Guardianes, inspirados por los militares de sus vecinos Turquía y Pakistán, entraron en el mundo de los negocios lo que les ha dado una gran independencia. Hoy sus intereses financieros son de lo más diverso, desde la importación de bienes de consumo hasta la construcción de oleoductos.

“Se han convertido en una organización tipo mafia que tiene una influencia corruptora sobre el Ejército, la policía, los medios de comunicación, la industria, el poder judicial y el Gobierno”, denunció Mohsen Sazegara, uno de los fundadores del cuerpo, que en 2003 se exilió en EE UU, tras ser detenido por criticar su evolución, y actualmente es investigador visitante en la Universidad de Harvard.

El gran impulso a su peso en los asuntos de Estado llegó en 2005 con la elección de Ahmadineyad, su candidato. Aunque la Constitución iraní prohíbe que los militares participen activamente en política, los guardianes llevaban años preparando su desembarco y en las legislativas de 2004 lograron la entrada en el Parlamento de una docena de veteranos. Hoy la mitad de los miembros del Gobierno, dos tercios de los gobernadores provinciales y un tercio de los diputados están vinculados al cuerpo. EE UU encontrará mucha resistencia para debilitarles.

Á. ESPINOSA – Teherán – 01/04/2007
Fuente: EL PAIS

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